3.12.2010

Amén

Se preguntó por qué a ella, a la que le costaba tanto hablar de sí misma con gente a la que vía cara a cara, podía confiarle, sin la menor preocupación, sus secretos más intimos a una pandilla de chalados completamente desconocidos de Internet.  Pero la verdad era que si Lisbeth Salander tenía una familia y se sentía parte integramente de un grupo, era junto a esos locos.

La reina en el palacio de las corrientes de aire
Stieg Larsson