7.31.2020

516. La vida que no fue.

Hoy es su cumpleaños número 80 ya el sol se oculta mientras ella lo ve irse a través de la ventana abierta de su habitación.

Los últimos 20 años ha vivido en una residencia para ancianos, desde que su esposo falleciera.  Ninguno de sus hijos quiso hacerse cargo de ella, y tampoco permitieron que se quedara en la casa que había sido su hogar por más de 30 años.

Mientras los últimas rayos de sol se ocultan tras los cerros en la lejanía, pero no así el calor que se queda húmedo y pegajoso adherido por todos lados ella recuerda entre tantas quejas de su madre, una de las que más le dolía, donde reprochaba a la hija haberse adelantado en el nacimiento y echar a perder su verano junto al mar, donde podría haberse refrescado en sus últimas semanas de embarazo a la espera del hijo deseado, sin embargo, ella se adelantó a nacer y más terrible aun; a nacer mujer.

Sus padres, que estaban seguros de tener un varón por heredero, habían pintado las paredes de la habitación del bebé de color azul, en concordancia con los carritos, las lámparas de animales y los adornos que hubieran sido la delicia de cualquier niño.  Su padre alegando que había gastado de más en acondicionar el cuarto del hijo que no llego, se negó en redondo a cambiarlo para la recién nacida que tenía en casa; así que ella paso los siguiente años en una habitación que en vez de flores y colores rosas, tenía carros y colores azules.

A los 4 años, su madre la metió a clases de Ballet, lo único considerado para niñas que había realizado hasta entonces y solo porque dijo que le sería útil para tener alguna gracia a la hora de “pescar” un marido, nunca fue tan feliz como en esas horas que pasaba repitiendo los Retiré, los Plié, los Tendú y los Relevé y el Arabesque que siempre fue su favorito; la verdad es que no lo hacía nada mal y durante un par de años abrigo la esperanza de poder dedicarse profesionalmente a la danza, sus maestras decían que tenía el talento y la tenacidad para lograrlo.  El sueño termino el día en que armándose de valor y respaldada por la directora de la academia le planteo a su padre la posibilidad de hacer de la danza su profesión; como era de esperarse su padre montó en cólera, por un momento hasta llego a pensar que le daría algo, de tan rojo y abotagado que se veía mientras repetía a grito pelado que una hija suya JAMAS se dedicaría a algo tan vulgar como ser bailarina, que antes la encerraba de monja y tiraba la llave al río, que permitir que tal ignominia manchara el buen nombre de su apellido.  Ahí se terminó su sueño de ser bailarina.

En cambio dos años después fue obligada a entrar a la escuela de Medicina, ya que si el señor les había negado a sus padres la gracia de tener un hijo que perpetuara la tradición, en sus hombros recaía conservar el linaje de médicos en su familia.

Cuando estaba en el segundo año de la carrera conoció  a alguien de quien se enamoró perdidamente, y el futuro se le revelo afortunado; pero se guardó ese amor para ella misma, a sus padres no les dijo nada, conforme paso el tiempo se sintió más y más segura, y ya en su último año de carrera, cometió un desliz que fue fatal, y sus padres se enteraron de su relación; su padre le prohibió terminantemente seguir con ese chiste sin futuro como la llamo él.
Ella con el corazón destrozado termino con su novio.

Para evitar futuras relaciones que no fueran aprobadas por sus padres, ella fue comprometida de inmediato con el hijo de un conocido con el que su padre quería realizar un negocio.  Al final el único negocio fue la venta de la hija a un hombre que la trataba mal, y que lo único que hizo fue dejarla encerrada en su casa, llenarla de hijos y sin poder ejercer la carrera que tanto le había costado llevar a término.  Su marido le dijo al suegro que esa no era una profesión para mujeres casadas y con hijos, y ahí termino la discusión.

Y así se le fue la vida criando hijos, limpiando rodillas raspadas, cocinando mañana tarde y noche, soñando con otra vida a través de novelas y películas.
Y eso la regreso al presente a este su cumpleaños 80, y mientras la suave brisa de la noche se colaba por su ventana, decidió que por la mañana hablaría con sus hijos y les diría que ya no quería estar ahí, si ellos no querían tenerla en sus casas, podría rentar un departamentito con el dinero que pagaban cada mes en la residencia hasta le quedaba para los pocos gastos que ella pudiera tener.

Si, a cada momento que pasaba estaba más y más convencida de que podría funcionar.
Ahora se recostaría para que ese dolor que le molestaba desde la tarde se le pasara mientras seguía planeando su nueva vida.

Esta recopilación participa en el Reto Anual "12 Meses 12 Relatos 2020" organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash