4.20.2011

Carta

Para escribir una carta, tomo una hoja y un lápiz.


Pero tiene que ser lápiz, no pluma, no plumón; un lápiz que tenga la punta afilada, para que conforme escriba se vaya achatando y luego, al deslizar un poco el lápiz, vuelva a escribir finamente.  Escuchar como junto al sonido al deslizarse sobre el papel van brotando las ideas, como nacen en la mente e inmediatamente fluyen entre los dedos para quedar plasmadas en el papel.


Los tachones nunca faltan pues las ideas también pueden cambiar de repente, haciendo que la frase o una simple palabra que hacía solo dos segundos parecía correcta ya no lo sea mas, y prefiero tachar que dejar un feo borrón en el papel, aunque sea solo un borrador, la verdad es que me chocan los borrones, no nos llevamos bien y prefiero empezar de nuevo, que dejar una mancha sobre la perfecta hoja en blanco, aunque repito, solo sea un borrador, lo mas probable es que lo guardare y si algún día rebuscando encuentre la carta, no querré ver manchas en ella.


Dejar que las ideas broten, escribiendo, tachando y remendando, hasta que siento que termine, entonces, releo todo lo escrito y tomando una hoja nueva, procedo a copiar la carta, para así poder ser enviada.